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sábado, 15 de diciembre de 2012

Poema del mes. Diciembre: José Agustín Goystisolo


Durante el mes de diciembre el ángel se convierte en una figura navideña debido a su papel de mensajero que anunció a los pastores el nacimiento de Jesús en Belén. El resto del año ese entrañable personaje se retira a la esfera de lo privado, pero no por eso abandona su intensa y polifacética actividad. Acompañar al ser humano es su principal función y de ahí se derivan muchas otras. El poeta Rafael Alberti conocía bien a estos seres celestiales  y  dio cumplida cuenta de su variedad y de sus complicadas tareas en su bellísima obra Sobre los ángeles.

Sócrates, por su parte, se refirió alguna vez a su daimon, ese ser interior que todos llevamos dentro, esa voz interna que nunca miente, que nos avisa antes de un mal paso y que nos habla con claridad meridiana siempre que estemos dispuestos a escucharle.


Hoy me encontrado con un bonito poema de José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999), perteneciente al libro El ángel verde y otros poemas encontrados (1993).

EL ÁNGEL VERDE

El ángel era extraordinario
y tenía las plumas verdes.
Se sentó junto a mí en un banco
del Turó Park. No dijo nada
pero sopló sobre mi frente.
 Yo creí que era un ser alado
que se ocupaba solamente
de vigilar el colorido
de los olmos y los laureles.
¿Quién eres? Dije ¿un ángel puro?
¿Te pintó Rafael Alberti?
Una sombra se acercó al punto:
 era el guarda. ¿Qué le sucede?
A mí nada. ¿Por qué lo dice?
Porque habla solo. No, señor:
yo preguntaba al ángel éste.
Mejor se vuelva usted a la casa
la insolación es mala siempre.
Me levanté y salí del parque.
Conmigo vive el ángel verde.

Poema ligero, con un punto de ironía y humor, que nos presenta un ángel fuera de lo común por el color de sus plumas. Pero es un ángel de la vida, pues le sopla al poeta sobre la frente. El soplo o aliento es un elemento simbólico con el sentido de un principio de vida. El alma, por otra parte, es concebida a veces como un soplo, que, por supuesto, siempre es vital.  

Las alas y las plumas, propias de las criaturas del aire, son el atributo de muchos seres espirituales. El simbolismo de las alas, de las plumas y del vuelo hace referencia a la noción de ligereza espiritual y elevación de la tierra al cielo. El diccionario de los símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant dice así: “En la tradición cristiana las alas significan el movimiento aéreo, ligero y simbolizan el pneuma, el espíritu. En la Biblia son un símbolo constante de la espiritualidad o de la espiritualización , de los seres que están provistos de ellas. […] Poseer alas es pues dejar lo terrenal para acceder a lo celestial.

El verde, el color de los árboles y de las plantas, es un color de rico y amplio simbolismo,  tranquilizador y refrescante, que cada primavera reaparece en la naturaleza después del sueño del invierno. Es también el color de la esperanza, de la fuerza, de la longevidad y de la inmortalidad.

El ángel verde del poema de José A. Goytisolo, en mi opinión, es el símbolo de la vida y de la verdad interior. En este sentido, el final me parece claro: “Conmigo vive el ángel verde”, pues el ángel, como el daimon socrático no es sino el yo interior, espiritual y secreto, de cada persona, en este caso del poeta. 

Es, creo yo, esa vida interior que jamás puede sernos arrebatada, pues es parte de nosotros. Lo que pasa a veces es que nosotros mismos no dejamos respirar al ángel verde que habita en nuestro corazón, e incluso llegamos a tenerlo tan marginado y silenciado, que el pobre está a punto de marchitarse y morir, como una planta que no ve la luz.

  

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